Este es el procedimiento no quirúrgico más común del mundo. Durante 2 décadas, millones de mujeres y hombres han estado usando la toxina botulínica para el rejuvenecimiento facial. Actúa relajando los músculos de la expresión facial, suavizando los gestos y, por tanto, reduciendo o eliminando las líneas de expresión, especialmente en el frente, entre las cejas, patas de gallo, párpado inferior y nariz, lo que da un rostro más juvenil y relajado. El procedimiento es muy rápido, con mínimo dolor, el efecto dura entre 4 a 7 meses. No tiene consecuencias a largo plazo. Para el Dr. Merino, es muy importante que el efecto sea natural y no tan obvio, para no dejar la “cara botox”, es decir, para que luzca mejor sin que otros se den cuenta fácilmente de que se colocó una toxina.